Driven by Code

La forma cambia, el propósito se afina.

La expectativa de la inmediatez matará el pensamiento

Es innegable que vivimos en la única época donde cualquier respuesta está a segundos de distancia. Nos acostumbramos a no esperar ni a tolerar la duda. Con lo anterior, se presenta algo que no deja de darme vueltas, lo cual es el temor que tenemos al aburrimiento, al vacío, y a llenar la mente con cualquier música, película o podcast para no escucharnos, para terminar alienándonos con la tecnología. Pero ese vacío era precisamente donde nacía el pensamiento. Hoy, apenas aparece una inquietud, la resolvemos al instante y quedamos saciados. No cuestionamos, buscamos a nuestra IA de cabecera y descartamos que tenemos depresión simplemente enumerando los diferentes síntomas que creemos tener por no lograr, por ejemplo, no concentrarnos. Ya no reflexionamos si no es con ayuda, consumimos. Y en ese reemplazo silencioso estamos perdiendo algo tan intenso como lo es el tiempo: estamos perdiendo la capacidad de construir ideas propias y cada vez toleramos menos la frustración de no tener la razón.

La expectativa de la inmediatez no solo cambió la velocidad de las respuestas, cambió nuestra relación con el proceso de creación. Pensar dejó de ser necesario porque todo ya está dado, no necesitamos nada. ¿Para qué perder el tiempo en ver una aburrida y lenta película como "A Ghost Story" o "La Sociedad de los Poetas Muertos" si puedes buscar un resumen de su significado que va a ser mucho más claro y específico con mi querido amigo GPT? Nos convencimos de que acceder a información es lo mismo que entenderla, pero el conocimiento real nunca fue inmediato. Era fricción de dos metales duros, eran incógnitas, era sostener una pregunta el tiempo suficiente como para que se deformara, se conectara con otras cosas y terminara convirtiéndose en algo nuevo. Hoy ese proceso se interrumpe antes de empezar. La respuesta llega demasiado rápido, y con eso mata la posibilidad de creación.

A esto se le suma algo que tiene intenciones subrepticias, pero igual de peligrosas: el sesgo. Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube (por dar un ejemplo), te entregan contenido esencial para tu búsqueda, pero el dilema aparece cuando se genera el filtro. Te muestran lo que ya te gusta, lo que ya crees, lo que confirma tu visión del mundo. Y eso genera una ilusión de pensamiento crítico. Creemos que estamos analizando, cuestionando, formando opinion, pero en realidad estamos reaccionando dentro de un marco que nunca elegimos. Es un pensamiento crítico sin expansión, sin choque real, sin creatividad. No crea ideas nuevas, solo refuerza las preexistentes, conteniendo el mayor impacto posible. ¿Dialogar? Ni hablar. En esta era yo tendré la razón siempre por que sé demasiado, pero tú también la tendrás por que sabrás más que yo. El impacto del objeto inamovible con la fuerza imparable, o mejor dicho, el impacto de mis fuentes de Instagram contra las tuyas.

Y mientras todo esto pasa, eliminamos sistemáticamente el aburrimiento con la tecnología. Lo evitamos como si fuera un error, cuando en realidad era el momento de conectarnos con nostros mismos. El aburrimiento era el punto de partida de la imaginación, el espacio donde la mente, sin estímulos externos, se veía obligada a generar algo propio. Hoy ese espacio no tiene cabida. Cada segundo vacío se llena con lo que sea o se interrumpe. Cada momento de incomodidad se anestesia. Y sin ese vacío, la creatividad no tiene dónde aparecer. ¿Tener tiempo a solas con mi mente mientras riego las plantas? Ni hablar. Que se mueran esas plantas y que reine el asfalto.

Somos excelentes consumidores de información. Nuestra línea evolutiva tiene su guía: Homo Consumens → Homo Delegatus → Homo Prompt.

Y el problema no es que esto se quede solo en nosotros. Esto se proyecta. Las nuevas generaciones están creciendo en un entorno donde la espera no existe, donde la duda se resuelve en segundos y donde el aburrimiento es prácticamente eliminado desde la infancia. Niñas y niños que nunca tienen que enfrentarse al vacío difícilmente desarrollarán la capacidad de crear desde él. Si no hay espacio para imaginar, solo queda espacio para repetir. Nuevos autómatas incapaces de cuestionar un sistema, incapaces de imaginar, incapaces de vivir en el presente, pero virtuosos en lo técnico y en lo profesional, que terminarán cuestionándose su identidad, preguntándole a nuestra generación quiénes son y para qué nacieron. Y claro, ¿qué sabemos nosotros?

No estamos perdiendo la inteligencia, o eso espero. Estamos perdiendo el contexto que la hacía necesaria. Y eso es mucho más grave. Cuando una habilidad deja de ser necesaria, desaparece sin ruido. Pensar por cuenta propia, cuestionar de verdad, crear algo original, todo eso requiere tiempo, incomodidad y resistencia. Exactamente lo que la inmediatez elimina.

La expectativa de la inmediatez no solo está cambiando cómo vivimos. Está definiendo los límites de lo que seremos capaces de hacer. Y llegará un punto en que ya no sabremos cómo hacerlo, porque pensar, cuestionar e imaginar será completamente innecesario.

← Volver